Se supone que el duelo es tristeza, ¿verdad? Así que cuando aparece la ira — aguda, repentina, a veces dirigida hacia las personas que intentan ayudar — puede sentirse alarmante, incluso vergonzoso. Le respondes mal a tu pareja. Hierves de rabia contra el veterinario. Estás furioso contigo mismo. Si la ira se ha colado en tu duelo, no lo estás haciendo mal. La ira es una de las caras más honestas y menos comprendidas del duelo.

Repasar cada cita, buscando un momento en el que alguien podría haberlo detectado
La ira es amor sin ningún lugar adonde ir

Por Qué el Duelo Nos Hace Enojar

Debajo de la mayoría de la ira del duelo hay algo mucho más vulnerable: dolor, impotencia, miedo, y la injusticia insoportable de la pérdida. La ira suele ser lo que esos sentimientos se ponen cuando son demasiado crudos para enfrentarlos directamente. Le da al dolor sin forma del duelo un blanco, una forma, una sensación momentánea de control. Por eso se siente casi más fácil que la tristeza — y por eso es tan común.

Esto no es una "etapa" que tengas que superar

Puede que hayas escuchado que la ira es una "etapa del duelo". En realidad, no llega según un horario ni desaparece a voluntad. Puede surgir temprano, tarde, o en olas. Dondequiera que aparezca en ti es normal.

Con Quién Estás Realmente Enojado

Qué Hacer con la Ira

Dale una salida segura

La ira necesita algún lugar adonde ir que no incendie tus relaciones. El movimiento físico, escribir una carta que no vas a enviar, hablar con alguien que no se va a asustar — esto permite que la energía se mueva a través de ti en lugar de filtrarse hacia las personas que amas.

Mira debajo de ella

Cuando la ira se enciende, intenta preguntarte: ¿qué hay debajo de esto? Usualmente es un sentimiento más suave y más triste que es más fácil sentir furia que sentirlo directamente. Nombrar el duelo debajo de la ira a menudo le quita el calor.

La Ira Es Amor Sin Ningún Lugar Adonde Ir

En su raíz, tu ira es lo mismo que tu tristeza: prueba de cuánto los amaste. Sé paciente con ella. Déjala moverse. Y perdónate a ti mismo primero — tú, más que nadie, mereces tu propia delicadeza ahora mismo.